Ni izquierda ni derecha

Y menos el centro, eso no existe, lo dice la misma Biblia: porque eres tibio me dan ganas de vomitarte.

Por miedo al desastre, defendemos al mediocre. Así estamos.

Girando alrededor de la política que no hace no hará nada para ayudarte.

Tenemos es que despertar, y hasta que eso no pase, seguiremos en las mismas, aplaudiendo minitriunfos con miedo a pensar en grande.

En Colombia las empresas pagan, hoy, en 2020, un promedio de 71% de impuestos.

Eso es un robo. Literal, y eso sin analizar en qué se gastan la plata.

Pero si el presidente de turno es de tu corriente, está bien entonces. Pasan dos años no hace nada, y no se vislumbra ningún cambio, sigue estando bien.

Pero en cambio, si el presidente fuera el que no nos gusta, sería su culpa, ¡que horror los impuestos que pagamos!

Yo la verdad, ya entendí que solo somos unos idiotas útiles, de un par de bandos regidos por élites más poderosas que están por encima de ellos, de ambos.

Como dice Ramón Freire, la política es como una bicicleta, y cada bando es como un pedal, derecha izquierda, derecha izquierda, pero el dueño de la bicicleta no es ninguno de ellos. La bicicleta va andando sobre la calle pisándonos. Necesitamos es quitarnos del medio.

Te toca entonces buscar la manera de subir el nivel. De consciencia, y entender cómo funciona la matrix, igual como en la película.

Y el primer acto revolucionario, lo primero, es el emprendimiento.

Dejar de depender de las grandes compañías. Hay que comprarle a las empresas locales. Tenemos que ser más fuertes cada día y dejar de querer ser empleados de las grandes corporaciones.

El tema de emprender da para un libro. Son muchos los beneficios, desde la imaginación, creatividad, tenacidad que se requieren para sacar una empresa adelante.

Si miramos bien, los grandes beneficiados de toda la pandemia del covid, fueron las grandes empresas. Muchos de los pequeños negocios, creados hace años, con sangre, sudor y lágrimas, tuvieron que cerrar.

Justo o no, no es momento de entrar en ese debate. Quizás sea injusto, peor igual, mientras defendemos ideas de si salvar a Avianca o no, más bien pensemos en nuestros negocios. Si el mundo no se acabó después de que cientos de empresas pequeñas cerraron, tampoco se va a acabar si nos quedamos sin Avianca. Debate izquierda derecha.

Miremos estas cifras:

Las grandes cadenas aumentaron sus ganancias mientras que muchas empresas cerraron. Los grandes almacenes de cadena podían abrir sus puertas. Allá no se contagiaba el covid.

Todo por permitir que los gobiernos “nos cuidaran”, cuando no es su función, nunca lo ha sido.

Pero controlados por los medios, repitiendo el discurso, todos nos dejamos llevar y caemos en la trampa.

Dejamos de ver a nuestros amigos.

Dejamos de ver a nuestra familia.

Dejamos que nuestros hijos dejaran de socializar.

Y como si nada.

La prohibición del contacto físico es fatal. El ser humano es sociable.

Ah que son solo unas semanas, meses. No podemos subestimar el tiempo. Los efectos en el futuro siempre serán marcados por instantes, por decisiones aparentemente inofensivas.

Es que nos dijeron.

Es que es un peligro.

Es que lo dice la OMS.

Es la autoridad y hay que creerle.

Son los expertos.

Ellos saben más.

Y no cuestionamos medidas absurdas e ilógicas.

Empecemos por cambiar cosas pequeñas.

Nosotros tenemos es que promover lo local. Dejar de querer pertenecer o pensar que somos alguien por ser empleados de una empresa x. Si miramos la pirámide, vemos que esas corporaciones fueron las beneficiadas, pues nuestro gobierno depende de ellas, las cuales a su vez dependen de organizaciones como la OMS, la cual es un medio de control más del problema real: la élite del poder del dinero.

Cada vez que nosotros aceptamos un préstamo sea personal o de la empresa, estamos vendiendo nuestra libertad, pues quien controla el dinero tiene el poder.

Ya vimos como el FMI supeditó por ejemplo préstamos a Bielorusia, sin necesitarlo, si aceptaba las medidas de restricción de cuarentena.

Entendamos una cosa, todo esto es una farsa. Y recordemos donde estamos metidos: en el último nivel, donde difícilmente nos enteramos de lo que pasa arriba.

Inclusive, parte de nosotros mismos les facilitamos el juego a los de arriba, cuando tenemos vecinos y hasta amigos que nos llaman conspiranóicos por no tragar entero. Pero al final, cada quien.

Para manipular la humanidad, o la masa, solo hay que controlar la información que la gente recibe de este proceso de decodificación.

La realidad puede ser falsa. Como la realidad virtual.

Nacemos y nos dan etiquetas.

Nos identificamos con esas etiquetas.

La simulación es la prisión de nuestra percepción.

También circula el opuesto al conspiranoico, pero yo personalmente no lo publico porque me parece ofensivo: el ignoranoico, aquel que cree todo lo que dice la tv, no investiga, repite el libreto, opina sin analizar, usa el ataque en los debates. Y así y todo, decirle conspiranoico a alguien por dudar y cuestionar lo que no entiende, es ofensivo, pero como en muchas cosas de la vida, la ley del embudo aplica cuando nos conviene, y no cuando no.

Los padres creemos que lo mejor es replicar lo mismo.

Descargamos entonces en los niños el programa.

Colegio

Universidad

Trabajo

Y si sucumbimos y aceptamos el programa, aprobamos el examen.

Un examen es básicamente reproducir lo que te dicen que debes creer, y si lo dices igual, apruebas.

Si haces preguntas, hay problemas.

Te conviertes en una influencia disruptiva.

Y luego nos etiquetan y comparan con los aquellos que sí aceptan el control

Ese es el tema central: El control.

Haz como es debido.

Llegamos entonces al consenso de lo que es normal.

Luego quien se salga de ahí puede ser loco, y hasta peligroso. Parecido a la serie 3% en Netflix.

La percepción de la realidad de los políticos es la que nos mantiene con las leyes que a ellos se les ocurre.

Si lo único que escuchamos desde que nacemos es la misma información empaquetada, cual es la posibilidad de pensar distinto.

Esto lleva generación tras generación tras generación.

Y volvemos a lo básico: control de la información para control de la percepción.

Quieren que desde que nacemos hasta morir, pasemos por un túnel dentro de un mundo limitado de posibilidades.

Si tienes opiniones por fuera de lo que se considera normal, te caen encima. Abuso, ridiculización, solo por pensar o ver algo de manera diferente, y podemos llegar a niveles histéricos de censura.

Hasta 1920, decían que solo había una galaxia, la vía láctea. Si alguien hubiera dicho que hay más de una galaxia, dirían que estamos locos.

Hoy se dice que hay 2 trillones. ¡Trillones!

La invitación es a salir de la pelea derecha izquierda. Es una pérdida de tiempo. Son la misma cosa. La misma. Sí, unos peores que otros seguramente, pero hay que escapar de ahí. Somos sus marionetas.

Este covid los dejó al descubierto. Aprovechemos la oportunidad.

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